viernes, 2 de octubre de 2026

Digger - Por Carlos Correa Acuña

Cuesta esbozar algunas líneas sobre esta película por varias razones. La primera, estimo, es que resulta inclasificable; es de aquellos trabajos que transitan de un género a otro y de un estado a otro con una libertad incontenible.Una segunda, tal vez, es que quienes amamos el cine esperamos encontrarnos, cada cierto tiempo, con algo nuevo, diferente, que nos dé la sensación de no haberlo visto antes. Y una tercera, para sintetizar, proviene de su capacidad disruptiva, es decir, de su poder de incomodar y de remover capas que incluso estaban dormidas. Todo esto, y más, se encuentra en las entrañas de Digger, la última película del realizador mexicano Alejandro G. Iñárritu.

Una primera aproximación a lo que significa esta cinta es que resulta tan difícil de comprender en su contexto que es aún más difícil hacer spoiler o simplemente contar de qué se trata. Aunque quisiéramos, nos daríamos varias vueltas para hacer una sinopsis o dar cuenta, con honestidad, de su trama. Es por eso que remitirse a la información básica oficial que acompaña su difusión es más que suficiente. Este adelanto contiene una premisa con solo tres elementos: un empresario, Digger Rockwell, magnate excéntrico y omnipotente, tal vez el más poderoso del mundo; un accidente petrolero en una base de extracción en Groenlandia que desencadena una catástrofe ambiental global; y el gobierno que presiona -a través del presidente- para que Digger encuentre la solución a un problema que él mismo ha provocado. Simple y directo; pero hay muchísimas más aristas en esta obra que no es conveniente adelantar.

Son múltiples las capas que se encuentran presentes en Digger y no se puede privilegiar ninguna por sobre otra. Además, analizar una experiencia -porque esta cinta es absolutamente eso- resulta mucho más complejo, porque de inmediato pasamos de aquello que consideramos objetivo al terreno subjetivo de las emociones y sensaciones que nos provoca su visionado. A continuación, intentaré destrabar algunos aspectos, corriendo el riesgo de ser reduccionista e injusto, tal vez por dejar fuera de foco detalles que para algunas personas podrían resultar importantes.

Lo primero que quiero señalar es tal vez lo más evidente: esta película se trata del poder, del ego, de la crisis climática y de la construcción de la figura de un atípico “salvador”. Estos temas, que fielmente dan cuenta del estado del mundo en la actualidad, ponen de manifiesto el peligro inminente que significa que unas pocas personas sean las que concentren en sus manos -o en sus empresas- el poder global. Y aquí no es que haya una simple coincidencia, porque el mismo G. Iñárritu lo expresa sin rodeos: “Digger habla del deseo incontrolable que muchas personas tienen de controlarlo todo”.

Si ya tenemos dibujado el fondo, emerge la forma. He seguido el cine del director mexicano desde su ópera prima de 2000, “Amores perros”, y reconozco que me produce admiración. Veo en G. Iñárritu una búsqueda incansable por proponer narrativas diferentes y encontrar diversos puntos de quiebre. Esta condición remite de inmediato a los formatos, tanto estructurales como visuales, y el resultado es un amplio abanico creativo. En esta ocasión, el realizador opta por plasmar su idea a través de una sátira -¡qué difícil apuesta!-, donde el cruce entre comedia negra y drama está en permanente conflicto.

El mundo que propone G. Iñárritu es reconocible, aunque absolutamente exagerado e incómodo. Acá hay una capa que podría ser una barrera de entrada a esta película, pero el director se cubre señalando que su película es básicamente “una observación sobre la propia naturaleza humana”, es decir, la exageración elegida termina por revelar certezas que muchas veces no vemos o no queremos ver.

No quiero extenderme, pero el elenco merece un párrafo aparte, lo mismo que la producción, la fotografía y la música. La elección de Tom Cruise para dar vida a Digger es un enorme acierto. Ver al actor de “Misión Imposible” o “Top Gun” envejecido, con canas, arrugas, barriga, un acento irlandés marcado y sin paciencia, es de las caracterizaciones más sorprendentes del último tiempo. Irreconocible -cuando vi el primer tráiler no me di cuenta de que era él-, Cruise despliega todos sus dotes en un papel que, sin duda, le traerá reconocimientos, no solo por las transformaciones físicas, sino también por la construcción de un arco dramático que nunca pierde pasión ni tensión. Le acompañan varios consagrados, como John Goodman, Sandra Hüller, Jesse Plemons y Riz Ahmed, con roles tan bien pensados y ejecutados que ninguna de sus intervenciones es baladí, lo que da cuenta de un delicado trabajo de dirección que es capaz de cuidar tanto los grandes escenarios como las reacciones más íntimas de sus actores.

En resumen, “Digger” es provocativa e incisiva. No solo es recomendable verla; es imprescindible, aunque no creo que llegue a una audiencia tan amplia como otras producciones. Y agrego: es una película necesaria porque rompe moldes y es capaz de incomodar brutalmente. En palabras de Tom Cruise, es “tan salvaje como divertida”, y como señala su creador, se trata de un trabajo “profundo, muy absurdo, muy simpático, muy urgente y muy humano, dedicado especialmente a las nuevas generaciones”.

Ficha técnica

Título original: Digger
Año: 2026
Duración: 128 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Legendary Pictures, Warner Bros, M Productions, TC Productions. Productor: Alejandro González Iñárritu, Tom Cruise. Distribuidora: Warner Bros
Género: Comedia. Drama
Guion: Alejandro González Iñárritu, Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone, Sabina Berman
Música: Cosmo Sheldrake
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Reparto: Tom Cruise, Riz Ahmed, John Goodman, Sandra Hüller, Michael Stuhlbarg, Jesse Plemons
Dirección: Alejandro González Iñárritu

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