Hay películas a las que cuesta entrar. Esta es una de ellas. Siento que no pude encontrar una forma de acceder y, lamentablemente, me quedé fuera. Trataré de explicarlo en las siguientes líneas.
¿De qué se trata? Tal como el título lo señala, la historia se remite al tramo final de la vida del legendario Robin Hood. Basada en la balada del siglo XVII “Robin Hood's Death”, el director Michael Sarnoski compone una oscura adaptación que narra los últimos años del recordado personaje. Pero no se trata del Robin alegre y bonachón que robaba a los ricos para donar a los pobres. No, todo lo contrario. Robin Hood -Hugh Jackman-, autoexiliado luego de una larga vida de crímenes y asesinatos, resulta herido en una batalla sangrienta. Por la gravedad de sus lesiones, es llevado por su compañero de vida, Little John -Bill Skarsgård-, a una isla remota donde se encuentra el Priorato de St. Clement, para que sea cuidado por la superiora del lugar, la hermana Brigid -Jodie Comer-. En esta dura etapa de rehabilitación, Robin entiende que esta es su última oportunidad para encontrar la redención.
¿Qué me pasó? Creo que varios elementos me cerraron la puerta. El primero, la violencia excesiva, sobre todo en el primer tercio del metraje. Está bien, no tengo reparos cuando la crudeza de las imágenes y la brutalidad de las acciones tienen correlato, pero desarrollarlas sin una justificación aparente, entendiendo que se trata de decisiones válidas pero discutibles, puso la primera valla. En segundo lugar, el ritmo de la película también dificulta el acceso; una narración cansina, que se mantiene en un registro plano y con pocos matices, dificulta aún más la conexión con la película. Y en tercer lugar, el tono melancólico y reflexivo de muchos pasajes de la cinta, sin duda bien estructurados y bien compuestos, solo pueden ser apreciados si la aproximación inicial ha sido exitosa. Desde fuera, no son más que bellas tomas de un relato que ojalá termine pronto.
El que yo no haya podido entrar al filme no excluye que existan aspectos que se deban destacar. Hugh Jackman es sólido en el papel principal. Alcanza el registro íntimo necesario para dotar al personaje de sus elementos constitutivos, aunque choque con nuestro inconsciente colectivo. Jodie Comer, Bill Skarsgård y Murray Bartlett son excelentes complementos del protagonista, presentes en los momentos justos y aportan al relato una necesaria dimensión colectiva.
La fotografía es otro aspecto a mencionar. Las tomas amplias en Irlanda del Norte, el tratamiento de la imagen, los colores y el tono grisáceo predominante configuran una atmósfera especial, muy adecuada para el desarrollo de la historia y perfectamente en sintonía con el estado emocional del protagonista.
La música es tema aparte. ¡Preciosa! Compuesta por Jim Ghedi, compositor y cantautor inglés, la partitura recoge elementos modales combinados con veladas tonalidades que no solo entregan una base homogénea al relato -el uso reiterado de largos pedales y armonías basadas en intervalos de cuartas, quintas y octavas justas-, sino que destacan por colores y características particulares en el tratamiento instrumental y vocal de cada pieza. Realmente un descubrimiento que vale la pena seguir, pues el álbum con la música de la película puede ser disfrutado de manera totalmente independiente.
Como balance general, me habría gustado entender mejor “The Death of Robin Hood”. Aun así, su buena factura y sus actuaciones se inscriben en el esfuerzo por desmitificar a Robin Hood, una apuesta arriesgada que podrá dar o no dar frutos y que deberá esperar el paso del tiempo para obtener certezas.
Ficha técnica
Título original: The Death of Robin Hood
Año: 2026
Duración: 123 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Ryder Picture Company, Lyrical Media. Distribuidora: A24
Género: Aventuras. Drama | Edad Media. Siglo XIII
Guion: Michael Sarnoski
Fotografía: Patrick Scola
Reparto: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård, Murray Bartlett, Noah Jupe
Dirección: Michael Sarnoski

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