Sutil y depurada. Nos impacta la primera vez, y nos persigue susurrando más niveles de lectura.
Cada palabra es precisa e indispensable, nada sobra, nada falta. Los largos silencios, las miradas inefables, gritan con atronador oxímoron.
Se nos muestra un Robin Hood verdadero, desprendido de las leyendas que lo pintan como un héroe bondadoso.
Lejos del paladín que roba a los ricos para ayudar a los pobres, nos presentan a un forajido viejo, herido y atormentado por las decisiones que marcaron su vida.
Explora los últimos días del legendario malhechor. Relato íntimo y visceral. La culpa, la violencia y la esperanza de redención cobran sentido absoluto.
Desmonta el mito para mostrar al hombre detrás de la leyenda, enfrentado a sus propios demonios.
Ambientada en 1247 - en Irlanda salvaje - la baja Edad Media, en un escenario menos contaminado con los disfraces de la civilización y los preceptos morales. Allí comprendemos con mayor claridad la necesaria “convivencia del bien con el mal = cohabitación del trigo y la cizaña”. (Jesús).
¿Quiénes son los malos y los buenos? ¿Quién puede juzgar las profundidades del alma humana?
El leproso, por estar ya medio muerto - casi sin carne - puede leer la verdad “descarnada” de las almas, sin tapujos.
Simbiosis entre la Caridad de Brígida en el priorato, y el desgarrado dolor por la pérdida del ser amado, conjugándose ambos impulsos en un mismo corazón de mujer.
Imponencia del canto celta, como trovador observante de los ímpetus más sublimes que se confunden con la bestialidad ciega de los instintos.
Sólo cuando la pequeña Margaret - desde su inocencia para comprender las atrocidades del mundo que la rodea - lanza la flecha donde se juntan el cielo y el mar - por fin Robin puede entregarse a la Muerte, dejándonos desconcertados ante los enigmas del comportamiento humano, e indicándonos el único camino, donde sólo el PERDÓN podría redimirnos.
Termina cuando ya nada queda por decir, ni por sentir. La “muerte de Robin Hood” es la muerte de todos nosotros, el fin de nuestras ilusorias identidades. Para entregarnos, sin ambages ni mentiras, a la Eternidad.
El ocultamiento de los verdaderos nombres (Robin por Randolph y Edward por Little John) preconiza un despertar a la Conciencia arrepentida.
Plena de capas simbólicas y de textos primarios que podríamos seguir escudriñando sin descanso.
¿Qué similitud hay entre los instintos de matar y descuerar a los animales de presa, y hacer lo mismo con los seres humanos?
La lentitud rítmica - el aparente silencio externo, al que sólo acompañan las miradas y las lágrimas - nos sumerge en el más poético abismo de una Catarsis.
Hugh Jackman, impresionado con la primera película de Sarnoski, vio la oportunidad para ofrecer una interpretación completamente distinta del icónico personaje.
“Un hombre atormentado por la imagen de ser un héroe cuando sabe que nunca lo fue” - señala el director Sarnoski - “es la búsqueda de redención ante las mentiras del pasado”.
La muerte de Robin Hood es la resurrección a la Verdad de la Luz Divina.
UNA OBRA DE INCONMESURABLE PROFUNDIDAD. INDISPENSABLE EQUILIBRIO ENTRE EL BIEN Y EL MAL. TRASCENDENTE. EXTRAORDINARIA.
Ficha técnica
Título original: The Death of Robin Hood
Título original: The Death of Robin Hood
2026 Drama, contrición, fantasía oscura EE.UU. - UK - Irlanda - 2,02 hrs.
Fotografía: Pat Scola
Edición: Andrew Mondshein
Música: Jim Ghedi
Diseño Prod.: David Lee
Reparto: Hugh Jackman (Los Miserables) , Jodie Comer (Killing Eve), Bill Skarsgård (Nosferatu) y Murray Bartlett (The White Lotus)
Guionista y director: Michael Sarnoski (A Quiet Place: Day One)

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