martes, 3 de marzo de 2026

Faraón - Por Juan Pablo Donoso

Un clásico de culto polaco que, después de sesenta años, conserva intacta su fuerza poética, su atmósfera milenaria, y su denuncia universal.

Basada en la novela del siglo XIX de Boleslav Prus, el legendario director Jerzy Kawalerowicz nos entregó una obra maestra cargada de misterio, como ya lo hiciera con su Sor Juana de los Ángeles en 1961, provocándonos un banquete cinematográfico de infinitas sugerencias y reflexiones.

Más que un relato lineal - que también lo es - plantea momentos cruciales en la vida de sus protagonistas, quienes sometidos a inevitables dilemas, deben decidir más con la fuerza del espíritu que con la razón.

Imperio Nuevo. Egipto se encuentra en difícil coyuntura. Los asirios amenazan con invadir el país y, a la vez, el empobrecimiento del pueblo es cada vez mayor.

La injusticia que induce al suicidio de un anciano excavador de canales enfurece al príncipe heredero, quien jura acabar con el clero al asumir la realeza.

Una vez proclamado faraón, el joven Ramsés XIII (que nunca existió) decide remediar la situación sirviéndose de las riquezas de la casta sacerdotal, que concentra el poder económico, religioso, y también el político.

Impresiona por sus imágenes y diálogos. Por la reconstrucción realista de un Egipto milenario, los combates y la tensión.

Exposición lenta y majestuosa de la disolución de una dinastía.

El Antiguo Egipto sumergido en intrigas y superstición.

Su atmósfera nos envuelve en angustia, incertidumbre, miedo, rabia y, a menudo, sensualidad, con excelentes actuaciones y admirable economía de recursos.

Llena de simbolismos - de libre interpretación - que pudieran referirse al mundo político de nuestros años 60, o a las eternas vicisitudes de cómo encarar las virtudes y bajezas humanas de todos los tiempos.

El verdadero conflicto es entre un faraón sin poder real y los sacerdotes corruptos que están hundiendo el imperio.

El conflicto del faraón con los sacerdotes sugiere una influencia de la Iglesia católica en la política polaca.

El faraón descubre que el poder sin sabiduría conduce a la caída.

La obra sugiere que quien cree gobernar muchas veces es solo una pieza dentro de fuerzas más grandes que él.

El antisemitismo nacional se reconoce en los intentos de los personajes por convertir a los judíos en chivos expiatorios de las debilidades del país.

Si los sacerdotes egipcios fueran reflejos del clero católico en la política polaca, la película también reconoce su importancia en la grandeza actual del país.

Película inteligente y cautivadora, bellamente concebida y ejecutada. Lamentablemente existen muchas versiones truncas. Cincuenta años después, por fin tenemos la oportunidad de verla completa en YouTube.

Antecedente milenario de un judeo/cristianismo cuyas semillas espirituales ya brotaban en los albores del alma humana.

Historia sutil, amarga y cruel sobre el poder. Reflexión sobre el presente y más allá…

El director de fotografía Jerzy Woljcik fue lo que Sven Nykvist para Bergman, Gregg Toland para Welles, y Moskvin y Tisse para Eisenstein.

Versión subtitulada al español

Versión doblada al español

PROVOCATIVA Y ELÍPTICA EN SU FORMA Y CONTENIDO. UNA JOYA EN LA HISTORIA DEL CINE MUNDIAL. IMPERDIBLE E INOLVIDABLE.

Ficha técnica

1966 Drama histórico. Antiguo Egipto Polonia - 2,31 hrs. 
Fotografía: Jerzy Woljcik 
Edición: Gerda Marczinkowski, Wieslawa Otocka 
Música: Adam Walacinski 
Diseño Prod.: Jerzy Skrzepinski 
Guion: Jerzy Kawalerowicz, Tadeusz Konwicki. 
Novela: Boleslav Prus 
Actores: Jerzy Zelnik, Barbara Brylska, Wieslawa Mazurkiewicz, Leszek Herdegen 
Director: Jerzy Kawalerowicz

Palma de Oro: Mejor película - Cannes 1966 

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