Las películas que incorporan elementos musicales como eje central de su trama son poco frecuentes. Ya por eso, vale la pena mirar con atención esta obra dirigida por Daniel Roher y coescrita junto a Robert Ramsey.
La historia presenta a Harry Horowitz -Dustin Hoffman- y a Niki White -Leo Woodall-, maestro y aprendiz de un oficio muy poco conocido: la afinación de pianos. La relación entre ambos es estrecha. Amantes de la música y eficientes en su trabajo, tienen una agenda completa que los lleva de casa en casa para afinar los instrumentos de sus clientes.
Niki tiene una particularidad bastante especial. Padece de hiperacusia, una alteración auditiva que le hace percibir todos los sonidos a un volumen exageradamente alto, por lo que lleva tapones en sus oídos de forma permanente. Pero una condición tan adversa tiene también una contrapartida beneficiosa. Con el tiempo, Niki descubre que puede descifrar las combinaciones más complejas de los sofisticados mecanismos de las cajas fuertes, solo escuchando el movimiento de sus engranajes.
Con este escenario, al que se suman Ruthie -Havana Rose Liu-, una talentosa estudiante de composición y objeto del interés romántico de Niki, y la repentina enfermedad de Harry, la historia deriva hacia el thriller policial y el drama, géneros que la película equilibra hasta el final.
Los méritos de esta cinta no radican necesariamente en su estructura narrativa, sino en la exploración de sus temas. Primero, el arduo proceso que implica afinar un piano. Si bien no se explica en detalle, sí es posible advertir lo complejo de la tarea y la necesaria virtud que se debe tener para enfrentarla. Y el resultado es convincente, porque la película contrasta un piano afinado mecánicamente, de sonido más duro y áspero, con otro afinado de forma manual, más rico en armónicos, algo que puede tardar fácilmente dos horas o más. Aparte, la cinta introduce el oído absoluto: la capacidad de identificar con exactitud la altura de cualquier sonido, es decir, qué nota suena con solo escucharla, sin referencia externa, y no solo notas aisladas, sino también acordes y secciones completas.
La segunda característica que explora la cinta es el volumen de sonido. Niki escucha todos los sonidos a una intensidad exagerada. Es una ventaja en ciertos contextos, pero también una fuente constante de dolor. Por eso debe usar tapones. Sin embargo, es justamente esa condición la que le permite escuchar esos mínimos detalles que lo llevan a desarrollar su nueva faceta. Y por supuesto, hay dos factores clave para que Niki ceda a la tentación: la necesidad económica y el dinero fácil.
De edición rápida, pero ritmo lento, a “Tuner” le cuesta fluir hacia su tercio final. La actuación de Leo Woodall es creíble y su química con Havana Rose Liu es innegable, lo que ayuda mucho al metraje. Sin embargo, el desarrollo de la parte criminal con la banda liderada por Uri -Lior Raz-, se vuelve árido y extenso. Pese a ello, las pocas apariciones de Dustin Hoffman destacan por su carisma y la intervención de Jean Reno, como el maestro de Ruthie, completan un elenco sólido y experimentado.
En casi dos horas, que se hacen un poco extensas, esta película trata sobre la búsqueda de la perfección y lo difícil que resulta aceptar las propias imperfecciones. Asimismo, y de manera lúdica, la cinta nunca pierde el foco en el arte del sonido y, al menos para mí, la secuencia final -aunque condensada- constituye su momento más logrado.
Ficha técnica
Título original: Tuner
Año: 2025
Duración: 109 minutos
País: Canadá
Compañías: Coproducción Canadá-Estados Unidos; Black Bear, Elevation Pictures
Género: Thriller | Robos & Atracos. Discapacidad auditiva. Música
Guion: Robert Ramsey, Daniel Roher
Música: Marius De Vries, Will Bates
Fotografía: Lowell A. Meyer
Reparto: Leo Woodall, Havana Rose Liu, Lior Raz, Tovah Feldshuh, Jean Reno, Dustin Hoffman
Dirección: Daniel Roher

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