El mérito radica en la invitación de su premisa: respetar los sentimientos y opciones de vida para evitar la presencia de demonios asesinos que se apoderan de las conciencias culpables.
Trata sobre los horrores de la ocultación y las peligrosas consecuencias de intentar suprimirlas.
El joven director australiano Adrian Chiarella supo equilibrar el relato evitando, a) caer en el terrorismo sensacionalista, b) el deleite morboso a costa de relaciones homosexuales juveniles y, c) lo que más se agradece, eludir condenas o proselitismos intelectualoides.
Dos adolescentes que ocultan su amor, Naim (Joe Bird) y Ryan (Stacy Clausen), son sometidos a una terapia de forzada purificación religiosa. El resultado abre una puerta subconsciente de culpabilidad, que se proyecta en la encarnación asesina de uno por el otro.
En un minuto están jugando, luchando en el suelo; al siguiente se besan; su testosterona se transforma en algo onírico y prohibido.
Hay mucho dolor entre los dos protagonistas, pero el amor “queer” se mantiene casi casto.
Fue un falso prejuicio cristiano - ajeno al cariño entre los muchachos - lo que invocó demonios invisibles.
La atracción entre dos personas puede ser positiva; pero la maledicencia ajena puede envenenarla.
Los verdaderos monstruos son los adultos: que manipulan a jóvenes vulnerables y asustados, infundiéndoles miedo entre sí.
Y si bien el deseo sexual a veces se siente como el monstruo interior, es entonces cuando el miedo es el enemigo.
Este director ofrece una mirada compasiva a las formas que pueden adoptar el amor y/o los demonios.
La entidad siniestra que adopta la forma de lo que los chicos más desean —el uno al otro— es una metáfora poética.
El guion aumenta la tensión hasta alcanzar un clímax gráfico y brutal.
La fotografía de Tyson Perkins impregna cada fotograma de misterio. Retrata la Australia campesina.
Una banda sonora, de ruidos metálicos y golpes, aumenta la inquietud.
Levíticus toma su nombre del versículo bíblico que se usa contra la homosexualidad.
“Aprendemos sobre las leyes, los ritos, las ceremonias y las fiestas que enseñarían a Israel cómo ser limpios, puros, santos y diferentes del mundo”. (Levíticos)
Los sustos repentinos tienen mala fama, pero son un arte cuando traen fundamento; y este fue el caso.
El miedo es auténtico, casi gótico; es buen terror.
Cierra con un atisbo de esperanza - permite la posibilidad de un sueño: que dos personas puedan encontrar su verdad definitiva el uno en el otro.
RITMO IMPECABLE. LA TENSIÓN AUMENTA EL MIEDO. TERROR QUE CONMUEVE CON ALMA Y CORAZÓN.
Ficha técnica
2026 - Romance homosexual, miedo, suspenso Australia -1,28 hrs.
Fotografía: Tyson Perkins
Edición: Nick Fenton
Música: Jed Kurzel
Diseño Prod: Bethany Ryan
Actores: Joe Bird, Stacy Clausen, Mia Wasikowska
Guionista y director: Adrian Chiarella

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