“Perdidos en la niebla”
Todo comenzó con un video juego creado por Keiichiro Toyama y publicado por Konami y su subsidiaria, Konami Digital Entertainment, en 1999. Su éxito fue enorme y siguieron, hasta que apareció la primera película el 2006; al mismo tiempo salieron libros y comics, más video juegos y otra película el 2012. Sus personajes son icónicos, no solo para los “gamers” sino en la cultura del cine.
Sí, hay que conocer el origen para entender al cien por ciento una historia que no es nueva. Nunca he jugado el videojuego Silent Hill, pero he visto sus dos películas anteriores y un par de comics para ver esta tercera entrega y entender su fondo. Así, lo que veamos no nos sea ajeno o creamos que está fuera de contexto, para no quedar colgados de por qué aparece alguien o se dice algo, de por qué Silent Hill está oculta en esa niebla que no cesa, el origen de su ceniza constante, ese culto fanático, que cuando la alarma suena debes refugiarte, etc.
Esta tercera entrega, dicen que está basada en uno de los video juegos (Silent Hill2), por lo que los gamers están más atentos. Pero como telespectadora necesito, sea o no basado en video juego, buena calidad interpretativa y buena calidad en las imágenes. ¿Lo logra esta tercera entrega cinematográfica?
La primera señal positiva es que está el mismo director de la primera película. Ahí digo “que bien, captó mi atención”. Pero no estamos ante una continuación de las anteriores cintas, esto es un reebot, basado en uno de los juegos.
Ahora nos cuenta la historia de un hombre roto, que no asume una separación, pero una carta inesperada le devuelve esperanza y vuelve a ese pueblo del cual salió para no volver. Hay analepsias que nos llevan a entender una relación y, de a poco, ver cómo no acepta la ausencia de su amada, que va en su búsqueda a ese pueblo, que fue hermoso en su momento, lleno de vida y grata convivencia. Pero ahí está vacío, y al deambular en sus calles y en su mente lo acompañamos, ya que debe enfrentarse a diversos monstruos ya conocidos, y esperados.
Puede que la edición mal efectuada haga que, en especial quienes nunca han visto la película -y/o quienes nunca hemos jugado estos videos juegos- se pierdan en su fluidez. El guion tiene momentos tan básicos que se sienten hasta forzados, así como las actuaciones poco creíbles. El maquillaje y peluquería no se ven bien, pero rescato el vestuario. En cuanto al movimiento de cámaras, algunas tomas son muy buenas; su posición hace creer que estás en un video juego. Pero los CGI recargados en momentos, ni siquiera se pueden tomar en serio. Si fuera una comedia se entendería, tal vez, que se vea “su falsedad”. Se vería divertido, pero acá es terror psicológico y debe dar credibilidad.
No hubo tensión, salvo los típicos momentos en que se aparece repentinamente algo o alguien para hacer esos pequeños saltitos que a algunos les provocó. Reitero, hay películas que se adaptan como video juego en la pantalla y han funcionado. Acá, lamentablemente falló esa parte.
Para los gamers, ha sido un fiasco el cambio de guion, porque según ellos, le han cambiado el fondo a un gran juego con personajes a los que no se les sacó provecho, y en especial a ese purgatorio de Silent Hill, al cual transformaron en un mero escenario de terror sin la tensión que merecía.
Y como telespectadora puedo decir que ese pueblo es otro personaje, un personaje que vive y vibra y se le debe sacar un provecho que no se le dio en esta ocasión.
Lo único que rescato son los monstruos. Son icónicos y esperaba verlos nuevamente, así como algunas tomas en plano amplio donde vemos a ese pueblo perdido entre la niebla.
En cuanto al fondo, y para rescatar su historia y lo que trata de contarnos, estamos ante la obsesión de James por no soltar a Mary. Para mí es una clara referencia a las adicciones, donde sabes, a veces, los peligros que conlleva, pero no puedes evitar seguir.
Solo estamos ante una película que se quedó entre la espesa bruma.
Ficha técnica
Título original: Return to Silent Hill
Dirección y guion: Christophe Gans
Coescrita con Sandra Vo-Anh y Will Schneider
Música Akira Yamaoka
Fotografía Pablo Rosso
Montaje Sébastian Prangère
Protagonistas: Jeremy Irvine y Hannah Emily Anderson
2026. EEUU

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