Sinopsis: Tras la muerte de su madre, las hermanas Nora y Agnes se reencuentran con su distanciado padre, Gustav Borg, un veterano director de cine de renombre, que le ofrece a su hija Nora, actriz de teatro, un papel en su próxima película. Nora lo rechaza y pronto descubre que le ha dado ese papel a una joven y entusiasta estrella de Hollywood, Rachel. De repente, las dos hermanas deben sortear su complicada relación con su padre y lidiar con una actriz estadounidense que se encuentra en medio de su compleja dinámica familiar.
De la breve filmografía del director Danés Joachim Trier, la cual aborda dramas íntimos y universales como, relaciones familiares y la búsqueda de identidad, entre otros, no decepciona (recomendadísima “La peor persona del mundo”, con la misma actriz protagónica), por lo que con gran expectativa esperé esta nueva propuesta.
Una familia está compuesta por dilemas de todo tipo, y el tema es cómo enfrentarlos sin que nadie salga lastimado. Más que mal es la familia y todo debe estar bien, pero ¿qué pasa cuando no es así? No se puede esconder, y si se esconde, cómo se vive el sufrimiento en silencio. ¿Se sigue adelante, se avanza, se olvida, se sufre?
La cinta nos presenta a una familia que está recién padeciendo la muerte de la matriarca, quien se separó hace años de su cónyuge, quien fue un padre ausente de sus dos hijas ya que optó por priorizar su carrera. Él se presenta, aparece ante sus hijas, las cuales tienen sentimientos encontrados. Una de ellas, Agnes, quien pudo haber sido actriz y tomó otro rumbo en su vida, lo toma relativamente bien; pero Nora, quien siguió curiosamente los pasos de su padre en las tablas, está con rencor.
Pero su padre viene con una propuesta. Ha escrito un guion que fue hecho para Nora; ella lo rechaza, no quiere nada con él. Él no se complica y se lo da a una joven actriz, pero aparecen algunos problemas, tanto de él como de la actriz en la elaboración del rol.
La estructura de la cinta está increíblemente bien elaborada con su toque reflexivo, donde retrata las complejidades de las relaciones familiares. Aborda temas con sensibilidad y sutileza, donde nos lleva a los traumas que se experimentan en cuanto al abandono. La película nos lleva por un vaivén de emociones, y su lentitud favorece la historia, la atmósfera y el análisis de las emociones.
Las imágenes y su silencio nos cuentan la historia. Hay un inteligente uso del lenguaje cinematográfico, que establece paralelismos entre una historia del pasado y una que se desarrolla en el presente, con sus personajes y esa casa; esa casa que tiene todos los recuerdos y grietas del paso de tiempo, que pasa a ser otro personaje muy importante en la trama.
¿Cómo los traumas del pasado afectan nuestro presente? Mucho, más si se vive en silencio sin ayuda. ¿Cómo reparar el daño Causado? ¿Cómo olvidar, cómo perdonar y perdonarnos para seguir adelante? ¿Cómo dejar la vanidad de lado y confrontar la realidad?
Es una reflexión sutil y equilibrada sobre las relaciones familiares, en un cine dentro del cine.
Las actuaciones son geniales, cada uno en su rol bien representado. La fotografía y puesta en escena es cuidadosamente tratada; habla por sí misma. Esa es la lentitud que tal vez a muchos no les guste, la lentitud de la reflexión, del observar.
Con varias nominaciones y premios a su haber, vale verla con calma. La disfrutarán porque es un cine de emociones.
Joachim Trier, pasó a la nómina de mejores directores del momento.
Ficha técnica
Título original: Affeksjonsverdi (Sentimental Value)
Dirección : Joachim Trier
Guion Eskil Vogt y Joachim Trier
Música Hania Rani
Fotografía Kasper Tuxen
Montaje Olivier Bugge Coutté
Protagonistas: Renate Reinsve, Inga Ibsdotter Lilleaas, Stellan Skarsgård, Elle Fanning, Cory Michael Smith
135 minutos. 2025.

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